La Majestad De Impedidos

jueves, 13 de mayo de 2010

(Oleo de Manuel García y Rodríguez)
La finalidad de la Procesión de Impedidos, que es llevar la Comunión a todos aquellos enfermos que lo soliciten, ya existía desde muy antiguo, aunque es a partir mediados del siglo XVI, con motivo del Concilio Tridentino cuando toman verdadero auge y proliferación las Cofradías de Hermandades del Santísimo, asentándose en dos pilares la hermandad sacramental: el culto público a la Eucaristía y el derecho a la misma a los impedidos.
A este acto se le denominó “La Majestad de Impedidos” o “La procesión de Impedidos”.
Consistía ésta en ser portada Su Divina Majestad por el sacerdote en un arca eucarística o copón, cobijado bajo palio de mano y revestido con capa pluvial y paño humeral, con el único fin de llevar la Sagrada Comunión a aquellos feligreses enfermos que así lo desearan o lo hubieran solicitado, siempre en base a lo designado en el Concilio Tridentino: Confesar y Comulgar al menos una vez al año por Pascua Florida.
Y es durante esta Pascua Florida cuando se celebra esta procesión, uno de los domingos comprendidos entre el Domingo de Resurrección y el de Pentecostés. Tradicionalmente se efectúa durante los meses de Abril o Mayo, aprovechando el buen tiempo.

Este hecho de llevar el Pan de Vida a los enfermos o impedidos, ha sido siempre una de las fiestas más bonitas del calendario, pues el pueblo se ha entregado totalmente a ellas, adornando con flores y plantas el lugar por donde debía de pasar la comitiva, y elevando altares en plazuelas y rincones.
 (Mayo 1962)
El día antes al domingo en que había de tener lugar la procesión, los vecinos del patio o del corral en el que debía presentarse la santa comitiva, porque allí residía algún enfermo o impedido, se afanaban en engalanar con plantas y flores frescas y olorosas el lugar, vistosos macetones, sacando de sus baúles sus mejores ajuares. Colgaban manteles hechos con encajes de bolillos, o colchas blancas de las más ricas telas que sus bolsillos les permitían, y decoraban con ellas sus humildes moradas. No podía faltar un altar cubierto con un blanco lienzo sobre el que presidía la imagen, bien en forma de icono o de estampa del Sagrado Corazón de Jesús, de Jesús Niño, o del Copón con la Sagrada Forma.
 ("La Majestad" - Postal costumbrista andaluza - 1904)
A primeras horas de la mañana comenzaban a repicar las campanas de la torre, y salía de su iglesia o collación el cura con las Hostias Consagradas, bajo un palio de mano de seis varales, acompañado de seis monaguillos portando faroles, y recorriendo las calles, cuyos balcones se hallaban engalanados con colchas y mantones. Caminando despacio y con solemnidad por el suelo bien regado con hierbas aromáticas, como el tomillo, hierbabuena o pétalos de rosa recogidas del campo muy de temprano, iba deteniéndose en aquellos hogares en los que se había solicitado el Santo Sacramento.
 (El corral trianero "Casa Quinque", preparado para recibir a la Majestad de Impedidos - Años 50 siglo XX)
Al entrar el cura entraba en el domicilio del impedido, todos los vecinos salían a recibirlo, arrodillándose ante el paso de la santa custodia, y acompañándolo el familiar más allegado hasta el lugar en donde se encontraba el enfermo impedido. Una vez que ya había recibido el Santo Sacramento, el padre se despedía con una bendición para proseguir su recorrido y asistir a otro feligrés que se encontrara en las mismas circunstancias.
 (Proseción de Impedidos en el barrio de San Bernardo - 1954)
Cuando terminaba todo el recorrido, se celebraba una misa y cada cual regresaba a su casa, tomándose el día como uno de los más festivos, donde las madres obligaban a sus chiquillos a quitarse el mejor traje que se habían puesto para la ocasión, y mandarlos a jugar con el de diario, que no era cosa de dejarlos que lo destrozaran con sus juegos tan faltos de conocimiento a veces.

Aunque esta fiesta tradición llegó a perderse en muchos lugares, y en muchos otros aún sigue perdida, los últimos tiempos la están haciendo renacer de nuevo, recuperándose así parte de nuestras raíces más antiguas.