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| Alameda de Hércules 1574 |
En 1574, don Francisco de Zapata, Conde de Barajas ordenó desecar dicha laguna y plantar en su lugar multitud de álamos. Desde entonces pasó a llamarse “la Alameda de Hércules”, tanto por el alamar como por las dos columnas romanas que se levantaron en su extremo con las estatuas de Hércules, (mítico fundador de Sevilla) y de César.
Entre 1595 y 1661 se plantaron más de 700 árboles, que eran regados con las aguas del río, así como numerosas fuentes, y la Alameda se convirtió en un lugar de paseo. Por sus largas avenidas colmadas de árboles, transitaban los paseantes, tanto en carrozas como a pie, disfrutando del fresco de la arboleda y del agua de las fuentes.
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| Antiguos Hércules de la Alameda - Litografía - S. Martí Siglo XIX |
La mayoría de los escritores, y sobre todo pintores románticos, dejaron testimonios gráficos de su trazado urbano y de las ya citadas fuentes de agua y abundante arboleda, así como de sus paseantes ya fuera en coches de caballo o a pie. Esta imagen idílica sed prolongó hasta el siglo XVIII.
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| Primera mitad siglo XIX - Guichot |
A finales del siglo XIX La Alameda comenzó a desarrollar una doble vida, siendo el paseo preferido de las mañanas dominicales de otoño e invierno y en las tardes y noches de primavera y verano. En paralelo existía una vida nocturna que ampliaba su influencia en un amplio radio de acción, prácticamente en todas las calles y plazas de su alrededor.
Esta etapa alcanzó su mayor auge entre 1920 y 1930. Las guerras de Africa y España fueron etapas cruciales para esta nueva actividad de la plaza, por ser Sevilla enclave militar de retaguardia y llegada de soldados y pertrechos, además de contar con hospitales militares y civiles que atendían a los heridos.
Había pues una población flotante de soldados de paso y de regreso de los frentes, que frecuentaban la Alameda en las noches a la búsqueda de desahogos carnales y ávidos de divertirse, proliferando de este modo en ella la prostitución y los placeres prohibidos.
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| La Alameda con los kioscos a ambos lados |

La prostitución se organizaba bien en las casas de citas, en plena calle o en bares de alterne como Casa Morillo, bar, tienda, restaurante de reservados y lugar de fiestas famosas.
Al lado izquierdo del paseo, y cerca de la esquina del andén se levantaba el primer kiosco, el de Camilleri, que era de cristal de colores y de estructura de hierro en estilo romántico, y lucía un precioso anuncio modernista de anís del clavel.
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| Kiosco Camilleri en La Alameda - Primera mitad siglo XX |
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| La Casa Morillo casi destruída |
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| Las Siete Puertas |
Más adelante se encontraba también el de Joaquín, junto al cine Villasol; el de Antonio El Cartero, el de Trigo, el aguaducho del Ronco y el puesto de helados de Antonio, que los hacía a la vista del público. También estaban en la parte derecha del Andén el de Villasol, dónde en verano se hacían teatros y murgas, el de Vigil, que también era de cristal de colores y que era conocido como Villa Conchita, y el Plus Ultra, que estaba pintado de verde claro y molduras en blanco. Allí paraban jugadores y directivos del Real Betis Balompié y médicos de la Clínica La Montaña, la mayoría de ellos republicanos.
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| La Sacristía |
En la calle de atrás, la de Leonor Dávalos se encontraba el más famoso cabaret de Sevilla, Zapico, institución de la noche desde los años veinte.
Otros establecimientos simbólicos eran la barbería de don Federico, hombre de descomunales mostachos y un blanco impoluto desde 1917.
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| Bar-Tienda "Los Majarones" |
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| Dispensario |
Por último, en la esquina Norte de la Alameda, frente a la calle Peris Mencheta, estaba el Bar Eureka, bodegón antiguo de altísimo techo, donde ponían tapas de barbo frito y en adobo, cuyo olor se percibía en toda la calle.
Todo este mundo tenía muchas derivaciones en los aldeaños y calles adyacentes. Bares, tabernas y bodegones abundaban por doquier, y por supuesto los que dieron a dar fama a la Alameda: las casas de cita, que llegaron a ser numerosas y populares amén de excesivamente frecuentadas.
Las casas de cita eran conocidas por el nombre de sus dueñas: Rosario “La Cangreja”, Lola “La Ecijana”, Lola “La Marchenera”, “La Josefilla”, Luisa “La Pescadera”, Carmela “La Guapa”, también conocida como “La Recovera”, Blanquita “La Cordobesa”. Otras anteponían un “doña” respetado por la clientela y las pupilas y que le daban mayor caché: Casa de doña Luisa, Casa de doña María Pepa, Casa de doña Carmen “La Vicera”, y así un largo etc.
Por sus calles pululaban “mariquitas”, betuneros, taxistas, matones, chulos, carteristas de postín, caricatos, celestinas, agentes artísticos, vendedores de preservativos, de pasteles, de postales eróticas, de tabacos, cerilla y papel de fumar, médicos de enfermedades venéreas, freidores de pavías, pescados y calentitos. Estancos, panaderías y todo tipo de negocios cerraban de madrugada o abrían al amanecer para atender a la clientela noctámbula. Había también academias de baile, la más famosa la del maestro “Realito”, en la esquina de la calle Trajano, de dónde llegarían a salir las más famosas estrellas del flamenco y de la copla.
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| Puesto de calentitos - primera mitad siglo XX |
(Para elaborar esta entrada me he basado en el libro de Nicolás Salas “Sevilla en tiempos de María Trifulca”, Tomo II, de dónde he tomado parte del texto y las fotografías de las antiguas casas de la Alameda.
También he utilizado los datos que se dan en la página http://www.degelo.com en su apartado Plazas de Sevilla.
Las imágenes las he tomado de: www.oronoz.com, http://www.ebay.es,
La fotografía del Puesto de Calentitos la he sacado de: http://www.lafotograficaband.net/foro/index.php )










