El Hospital, Terror Del Enfermo

martes


(Hospital de Granada - 1912 - Jonh Singer Sargent)
En todas las épocas y lugares, el hombre siempre ha sentido hacia el hospital cierto temor o respeto, pero es en sobre todo en Andalucía en donde más se acentuó este temor, ya fuera por la predisposición natural, dada la idiosincrasia del pueblo andaluz a creer en supersticiones o malos augurios, o por la infundada certeza de que allí no recuperarían la salud perdida, procurando incluso evitar el pasar por su puerta y sintiéndose amenazado si no tenían más remedio que hacerlo.
Coplillas de la época cantadas por el pueblo reflejan este temor:
“Cada vez que paso y miro
La puerta del hospital
Le digo a mi cuerpecito
Adiós para nunca más.”

(Cabecera de Romance - Anónimo - Siglo XIX) Imagen Museo del Estudiante
Ante la creencia de que el enfermo que entraba en él moría sin remedio, los hospitales eran considerados como la antesala de la fosa mortuoria, y tanto el enfermo como sus familiares echaban mano de todos los recursos posibles antes de dar el tan temido paso.


(El enfermo y el recién nacido - 1887 - William van Strydonck)

Igualmente la gente del pueblo llano confiaba poco o nada en la eficacia de la ciencia médica, e incluso algunos llegaban a pensar que en lugar de sanar acentuaba la enfermedad. Esto, unido al miedo al internamiento hospitalario, hacía que se apelara a los remedios caseros que rayaban en la superstición:

(“Para aliviar al enfermo de su dolencia, se tomará un papel bendito de la Virgen de la Salud que contenga en una cara del mismo las palabras “Salud Informorun” en una cara, y en la otra “”ora pro nobis”. Se cortará un rengloncito todos los días y se picará menudamente en una taza de caldo, dándolo al enfermo que tragará el líquido con los papelitos picados”.

“Haciendo beber al enfermo agua de siete pozos distintos.”)

“Poniendo en su cabeza púas de espino que tengan forma de cruz”.

(Ciencia y Caridad - 1897 - Pablo Ruiz Picasso)
También se intentaba la curación por medio de mujeres que decían tener el don de sanar mediante sus manos o saliva, asistida por una gracia sobrenatural y que ejercían gratuitamente.
Había quiénes si todo esto no daba resultado, recurría a los charlatanes y embaucadores, aún a sabiendas de que comerciaban con la buena fe de las personas desesperadas por encontrar un remedio a los males que les asediaban.
Cuando ninguno de estos intentos hacía que el enfermo recuperase la salud, no quedaba más remedio que acudir al hospital:
“Al hospital me voy;
Por Dios compañera
No te separes
De la vera mía
Hasta que me muera.

Y cuando me muera,
Mira que te encargo
Que con la cinta de tu enagua blanca
Me ates las manos.”

(Estudiantes en el Hospital - Grabado español 1887 - Luis Gimenez) Imagen Museo del Estudiante

Dado la religiosidad que mantenía el pueblo andaluz, y su total confianza en la misericordia de Dios, se encomendaba a él y a sus santos de todo corazón, esperando en ansiado milagro.
Llegaban entonces las promesas de una u otra índole, según los posibles de cada uno; Recurrir a ofrecer una misa o una función religiosa ante tal o cual santo o imagen, que se pagaba mediante las limosnas pedidas de puerta en puerta por la persona que hacía la promesa; dar cera o aceite para alumbra a una imagen; ir descalzo a un santuario, o poner un exvoto hecho con plata o cera al Cristo o Virgen del que se era más devoto.

(Exvoto al Santo Niño de Atocha)

Las jóvenes prometían una trenza de sus cabellos para que adornaran las paredes del santuario de la imagen milagrosa a la que se le pedía el milagro, y las mujeres ofrecían echarse un hábito, ya fuera el de la Virgen del Carmen, el de San Antonio, el de San Francisco, u otro santo de su devoción. También se ofrecía vestir luto uno o más años y a veces por toda la vida.

(Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla - Siglo XV)

La estancia del enfermo en el hospital traía, además de los consabidos miedos y preocupaciones por la recuperación de la salud del mismo, una situación económica que rayaba el límite, dado que el enfermo hospitalizado, incapacitado para trabajar, no tenía opciones de ganarse el jornal y dar de comer a su familia, que no tenía otro remedio que acudir a la caridad pública y “echarse un pañuelo”.

(La Limosna - 1905 - Antonio María Esquivel)
Esto era realizado por dos mujeres de la familia del paciente, aunque a veces lo hacían dos hombres, y consistía en recorrer las calles pidiendo una limosna para un pobre enfermo. 


(La Limosna - L. de Pereda) 
 

La limosna que los que se apiedaban tenían a bien de dar, era recibida en un pañuelo que llevaban entre ambos cogidos por cuatro puntas formando una bolsa, la cual llevaba cosido un certificado del médico y otro del estado de pobreza que atravesaban, firmado por el cura o el alcalde.

También se acudían a las asociaciones benéficas y religiosas y benéficas procedentes del mismo hospital en el que se encontraba el enfermo, y que proporcionaban a las familias alimentos para que pudieran subsistir hasta que el hospitalizado, si tenía suerte, recobrase la salud y regresara a su vida cotidiana, hecho que la mayoría de las veces no se producía.


Bibliografía: 
*La Ilustración Española y Americana
*Costumbres populares andaluzas: Luis Montoto
*Supersticiones populares andaluzas: Alejandro Guichot

5 soñadores han probado este sabor:

América dijo...

Como me gusta ese cuadro de Singer,es una belleza y el de Ciencia y Caridad Pablo Ruiz Picasso.!!!!!

La ciencia y la fe ,por supuesto no conocía los detalles que nos ofreces pero creo que el fondo por mas que confiemos en la ciencia de hoy en día la fe siempre nos acompaña en una suerte de que todo lo que pasa está en manos superiores.

Bello post como de costumbre de antología y consulta.

Un beso y felicitaciones por tan bello trabajo.

Chesana dijo...

En alguna parte he pinchado y llegado a tu blog. Llevo un rato leyendo y estoy encantada, así que te añado y continuo con la lectura. Muy buen blog. Saludos

Sabor Añejo dijo...

América, totalmente de acuerdo contigo. Ya nos puede decir la ciencia lo que nos diga, que siempre tendemos a apoyarnos en la fe y confiar que nuestras peticiones serán concedidas.

Porqué será que el hombre confía en lo que no ve más que en lo que tiene delante...
Seguramente porque algo poderoso que llevamos dentro así nos lo dice.

Un abrazo

Sabor Añejo dijo...

Chesana, seguramente habrás llegado hasta aquí a través de mi blog de cocina Perol y Mortero.
Sé bienvenida, es un placer tenerte en esta casa.

Un abrazo

María_azahar dijo...

Muchísimas gracias, amiga, por aceptar el pequeño obsequio y por dejarnos diafrutar de este fabuloso rincón que es tu blog, uno de los mejores para mi gusto. Me encanta.

Un besazo.

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